Libros piratas: consejos para reconocerlos

Todos, en algún momento y de manera directa o indirecta, hemos sido víctimas e incluso consumidores de productos que no disponen de los estándares ni requisitos elementales de calidad, o bien, que cuentan con mecanismos de distribución, comercialización o reproducción ilícita, afectando así tanto a productores como a compradores. En el primero de estos casos, específicamente, hablamos, para decirlo en palabras llanas, del negocio de la piratería.

Por lo regular estamos acostumbrados a relacionar la piratería con el mundo del disco fonográfico, películas, aparatos electrónicos y dispositivos o programas informáticos, sin embargo, no es exclusivo de estos rubros. En las últimas décadas, la reproducción ilegal de libros se ha convertido en una rama significativa de la piratería, sobre todo en algunos países de Latinoamérica, entre los cuales, y desafortunadamente en los primeros puestos, se encuentra México. Resultan alarmantes las cifras oficiales que alimentan las gráficas sobre piratería de libros en nuestro país, que tan sólo el año pasado indicaron la “edición” de 10 millones de ejemplares no autorizados.

Algunos de los libros más frecuentemente producidos de manera ilegal son los de autores como Paulo Coelho, Suzanne Collins, John Katzenbach, E. L. James, John Green, Walter Riso y Gabriel García Márquez, por mencionar algunos, y también títulos específicos de distribución masiva, como la Biblia.

Por todo lo anterior, en Ypunto nos interesa orientar de manera sencilla y breve a todas aquellas personas que no están seguras de si lo que están recibiendo a cambio de su dinero es un libro genuino o una copia de mala procedencia.

Si decides adquirir un libro, en primer lugar observa detenidamente la impresión de los forros (portada y contraportada), ya que muchas veces es evidente el uso de colores más opacos, una resolución pobre, manchas de tinta que no forman parte del diseño e incluso colores e imágenes totalmente distintas a la edición original.

De igual manera, si el papel de los forros es muy rígido y cuesta trabajo maniobrarlo (por supuesto, hablamos de libros de tapa rústica, no dura), o con una leve curvatura se le comienzan a marcar dobleces o resquebrajamientos, tienes en tus manos un ejemplar con papel barato, raro para una editorial celosa de sus procesos.

Revisa que en la contraportada esté presente el código de barras, elemento que si bien no es una garantía infalible, sí ayudará a que puedas estar más tranquilo. Además, pon atención en los detalles: si el libro está mal cortado y el código de barras o algún otro diseño específico que debiera estar presente no se encuentra o se encuentra incompleto, probablemente estés frente a un libro pirata.

Al momento de abrir el libro, corrobora que no falten páginas; en el caso de los libros ilícitos la ausencia de pasajes o páginas completas es recurrente. Revisa de manera rápida, si te es posible, que no haya errores ortográficos en demasía. Nadie es perfecto, y quizás en algún título original llegues a encontrar un par de erratas, pero en la piratería puede suceder un número mayor de veces, incluso a propósito por parte del fabricante.

Aprovecha para verificar las páginas interiores. Si, mientras el libro está abierto, notas pliegues u ondulaciones en el medianil (centro del libro, donde se unen las páginas que van pegadas al lomo), puede significar dos cosas: el libro está mal pegado, o el tipo de papel empleado para su composición también es de mala calidad. Si se trata del primer punto, revisa el lomo y las pequeñas líneas de pegamento visibles en la parte superior e inferior; un mal pegamento y su utilización se notan en el color pálido de éste y en su porosidad. También podrás notar que, cuando abras el libro, hará un sonido extraño, como si de pronto fuera a deshojarse.

Al contrario de otras categorías de piratería, como las que mencionamos al inicio de este artículo, el precio no es un factor a tomar en cuenta en el mercado librero, ya que gran parte de las ocasiones los libros piratas se venden al mismo precio que los originales, aprovechándose de la falta de experiencia de los consumidores a la hora de comprar.

Después de todo, el control absoluto sobre la regulación y mapeo de la producción editorial en México sería la solución adecuada, no obstante, a nivel personal también se puede combatir este tipo de fraude que, desde luego, no tiene como principio básico el fomento a la lectura ni la difusión del conocimiento. Por un lado, la compra de material bibliográfico en librerías físicas o en línea, autorizadas y reconocidas, evitará la adquisición de productos falsificados y podrá asegurarse así que las editoriales, autores, y lectores terminen ganando; por otro, aprender a comparar y ser un observador minucioso de libros falsos y originales siempre tendrá los mejores resultados.

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